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El sueño

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AGEL - Maurico Linares

Una mañana, como cualquier mañana, un señor de humilde presencia, muy a las ocho y cuando se aprestaban a abrir un almacén, se paró frente y se quedó mirando. Se ubicó casi a la entrada y miraba de arriba a bajo el letrero. Parecía que algo llamaba su atención; no solo el letrero, sino la pintura y los decorados que tenían las paredes. El dueño, un bonachón como de ciento veinte kilos lo miro de medio lado, pero, no dijo nada. El hombre, después de observar, detenidamente, el sitio se paró a un lado del almacén y ahí, permaneció hasta el medio día que se fue, quizá a almorzar. El gordo, el dueño del almacén, comentó a su empleada más cercana: - ¡Pobre hombre, debe estar loco! - ¡Si patrón! Respondió la empleada. ¡toda la mañana sin tomar ni agua! Y agregó: ¡Debe de estar bien loco! Por la tarde, muy a la una y media, el humilde señor llegó nuevamente y se paro a un lado de la puerta del almacén. Y el dueño, el gordo, de ciento veinte kilos de peso y todo bonachón, solo miró de lado, nuevamente a su visitante que parecía un vigilante o alguien que esperaba algo. El gordo lo miraba, pero no decía nada; solo comentaba a su empleada “debe de estar loco ese infeliz” Y la empleada sonreía y cuchicheaba con las otras empleadas. ¡Reían y se divertían a costillas del humilde hombre! Así pasaron varios días. El humilde hombre llegaba todos los días y se estaba parado, ahí, frente al almacén del gordo bonachón. Y, el gordo bonachón, se divertía con la locura del humilde señor. Y, así pasaron varios días. ¡Muchos días! Intrigado el gordo bonachón por la presencia del visitante comentó a su empleada: - ¡Johann! -Llamó el gordo bonachón-. - ¡Si señor! -Respondió la tal Johann- - ¡vaya donde ese loco y pregúntele a quién espera? -Y soltó la carcajada.- - ¡Señor! Dijo la empleada. ¡Yo no voy a preguntarle eso, señor! - ¡vamos atolondrada, pregúntele si espera al presidente! Y soltó nuevamente la carcajada.- - ¡No señor! Dijo enfáticamente la empleada. ¡Yo no voy! Ese pobre hombre no ha hecho mal a nadie…!- - ¡Si, si! Ya se. Dijo bonachón medio disgustado. ¡Pero es muy raro y voy a preguntarle. Bonachón con todo su peso; caminando lentamente, se fue a donde el humilde hombre y, adornando la inquietud, acertó a decir: - ¡Hola amigo! - ¡Buenos días señor! Respondió el humilde hombre. - Lleva mucho por aquí, verdad? - Si señor. Medio sonrió y agregó: ¡Si señor, varios días ¡ - ¡Aja! Dijo bonachón.- Perdone la curiosidad.- - No se preocupe, señor. Repuso el humilde hombre. - Espera a alguien, me imagino? Preguntó el gordo. - ¡No señor…bueno casi! Respondió el humilde hombre. - ¡Cómo así, que espera…casi a alguien? - Si, señor. Lo que pasa es que hace ya varias noches que tengo un sueño. Y, bonachón volteó a mirar a las empleadas, que permanecían retiradas y que poco a poco se acercaban cuando el gordo bonachón repitió mirándolas “es un soñador”. Las muchachas armaron un corrinche; y, murmurando y cuchicheando reían repitiendo “es un soñador” - ¡De modo, dijo bonachon, que usted tuvo un sueño y por eso se para todos los días en la puerta de mi almacén? - ¡Si señor, un sueño! Respondió el humilde hombre.- Y bonachon volvió, y con la sonrisa a flor de labios, miró a sus empleadas, que ya hacían parte de grupo, un grupo de desocupadas. - ¡Un sueño! Dijo bonachon.- Y bonachón mirando a sus empleadas y luego al humilde hombre dijo: - ¡Cuéntenos su sueño! El humilde hombre les contó que en su sueño veía mucho dinero, grandes cantidades de dinero al pie de ese almacén. Que el sueño le mostraba los mismos muñecos y decorados de ese almacén. ¡Es más, pareciera un hombre le entregaba todo ese dinero!. ¡Mucho dinero! Y todos, soltaron la carcajada, ante el sueño del humilde hombre. - ¡Que sueño! Repitieron las muchachas en coro y burlándose. - ¡Yo, también hace poco, tuve un sueño! Dijo el gordo bonachon y soltó la carcajada. ¡Tuve un sueño espectacular! - ¡Si, si! Dijo entusiasmado el humilde hombre. ¡Cuente, señor cómo era ese sueño! El gordo le contó al humilde hombre que en su sueño había visto un gran árbol, en gran árbol de mango que tenía en su finca, y que, a solo cinco pasos de la raíz, mirando hacía la quebrada, se encontraba un baúl repleto de oro; puro oro. - ¡Oro, oro, oro! Gritaron las muchachas muertas de la risa.- - ¡Mucho oro! Dijo bonachon, también muerto de la risa. Todos rieron a carcajadas. Reían y reían; y siguieron riendo a tal punto que al gordo lo atacó un exceso de tos. - ¡Si quiere le presto una pala! Dijo el gordo atragantado. ¡Si, le presto la pala y va a mi finca y se pone a desenterrar su sueño! Terminó diciendo bonachon riendo. Todos, incluso bonachon, pensaron que la pesada chanza y la propuesta, tendría resultados adversos; negativos. Creyeron que el humilde hombre se pondría como un titi, bravo. ¡Pero no fue así! Al contrario, muy contento acepto la propuesta del gordo. - ¿Puedo ir a su finca a desenterrar ese tesoro, señor? Preguntó el humilde hombre. - ¡Claro! Contesto bonachon riendo delante de todas las muchachas. ¡Todo ese tesoro es suyo! ¡Es su sueño y suyo! - ¡Me puedo quedar con todo el tesoro? ¡Gracias señor, muchas gracias! – Todos rieron a carcajadas. Pasaron varios días. Días y días. Tiempo después, no mucho, paró frente al almacén una lujosa limosina; larga y de las mejores limosinas del mundo. De ella bajo un chofer con full uniforme. Un joven bien presentado que dijo: - ¡Buenos días señor! - ¡Muy buenos días! Contestaron todas las muchachas que les brillaban los ojos de ambición y emoción.- - ¡Buenos días joven! Dijo bonachón, pasando delante del grupo- ¡A la orden caballero! Y, entonces el chofer dijo a bonachón que su patrón deseaba comprar el almacén. Y, que cuanto valía? Y a bonachón se le abrió la agalla y propuso una gran suma. Y bonachón se quedo mirando expectante y con los ojos abiertos al joven que sin mediar palabra y sin ir a ver a su patrón aceptó el precio. El negocio se hizo con escritura y todo lo que manda la ley a nombre de don Abelardo Rodríguez; y, bonachón quedó de entregar el almacén al otro día. ¡Y al otro día volvió la lujosa limosina! Todos esperaban que se abriera la puerta del magnifico automóvil. El chofer se bajó primero; y, con mucha pompa, dijo en voz alta “mi patrón el señor Abelardo Rodríguez” y abrió la puerta por donde salió el nuevo dueño del almacén. ¡Sorpresa, sorpresa! Cuál no sería la sorpresa y el asombro de todos, cuando vieron, frente a ellos, al humilde señor que habían conocido días atrás como “El sonador”.

 

“Lo increíble de los sueños es que se pueden realizar” F I N

                                                                                                            MANUEL MONTENEGRO - Colombia.

 

 

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Comentarios El sueño

Gracias por publicar mi cuento; muchas gracias.
Espero les guste el resto y espero me encuentren un editor.
Bien, magnífico.
Y, gracaias.
Manuel Montenegro R. Manuel Montenegro R. 30/01/2010 a las 01:21
Geniál, divertido, con mensaje!!!  Me atrapó desde el principio y me encantó el final. Por favor, compartános otra de sus magníficas obras.

Gracias!!! :-)
Ederlmira Pinto Ederlmira Pinto 30/01/2010 a las 01:46
MUY BUEN CUENTO... Y EL MENSAJE ES IMPRESIONANTE... DEBERIAMOS DE APRENDER A CONFIAR EN LOS SUEÑOS Y APRENDER COMO EL SEÑOR HUMILDE... QUE DEBEMOS DE CUMPLIR SIEMPRE NUESTRAS METAS...
JULIO A CHAMORRO JULIO A CHAMORRO 30/01/2010 a las 17:38
¡Hola!
Me pareció entretenido el cuento y a pesar de que percibía el final la forma de narrarlo me abrió la puerta de la creatividad y la puerta de la reflexión.

Gracias al autor y un aplauso de aliento para que siga escribiendo a pesar de que no consiga con la prontitud que desea una editorial que lo publique.

Hasta proonto.

Gloria Ingeborg Pinto Moreno.
Gloria Ingeborg Gloria Ingeborg 03/02/2010 a las 16:51
Muy bien , señor Montenegro.
Espectacular mensaje y claro que sí... los sueños se hacen realidad paso a paso.
Felicitaciones.
Zoraida Vargas López Zoraida Vargas López 09/02/2010 a las 00:29

Muy bien , señor Montenegro.
Espectacular mensaje y claro que sí... los sueños se hacen realidad paso a paso.
Felicitaciones.

Zoraida Vargas López Zoraida Vargas López 09/02/2010 a las 00:29
Muy positivo su mensaje, hombre, Manuel. Necesitamos más soñadores y menos hombres prácticos como las guillotinas. Exitos.
Héctor Darío Gómez A Héctor Darío Gómez A 11/02/2010 a las 14:53
La idea es exelente,  y tiene buen mensaje, sin embargo noto bastante pobreza en  la forma en que lo desarrollas, te falta bastante vocubulario y  abusas de las mismas palabras demasiadas veces, el principio  inicia  bien la parte de enmedio la alargas eternamente  y el final  lo haces demasiado predecible y le pudista sacar mucho mas interès, observa cuantas veces  escribiste la palabra bonachon   cuando esto se hace asì el cuento de vuelve bastanbte tedioso te recomiendo que no te desanimes por mi evaluacion desinteresada, sigue adelante y te recomiendo asistas a un curso de  redaccion y especializate en cuentos,  tambien lee mucho y analiza los estilos  empieza imitando a  los buenos cuentistas y despues haz escritura libre   suerte -
Jose Luis Arguello Jose Luis Arguello 05/07/2011 a las 17:38

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