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Elogio del peatón

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ANCESTRAL

por H. Darío Gómez A. “Cada individuo tiene su ritmo para caminar, para trabajar y para amar….. Por el ritmo podrían clasificarse los hombres…” Fernando González, “Viaje a pie”. El peatón es un corazón con patas. Y lo de corazón se dice en sus dos acepciones: fisiológica y lírica; esto es, músculo cardíaco, y motor del alma. Lo cierto es que para caminar como es debido, es necesario tener un estado físico aceptable y el alma dispuesta a la reflexión. Si no es así, es decir, si no se camina por gusto, sino por necesidad, el individuo deja de ser peatón para convertirse en un pelagatos sin automóvil (pecado venial en nuestra sociedad arribista), o lo que es peor, en un paria sin dinero ni para un pasaje de bus, en fin, un patirajado. Yo personalmente aplico a las tres condiciones mencionadas: peatón, pelagatos y paria patirrajado; pero las dos últimas dejaron de importarme hace más de un rato. De modo que disfruto con la primera, que me brinda el placer de caminar. El maestro Fernando González, mentor espiritual de los “Nadaistas”, se consideraba filósofo aficionado cuando emprendió su “Viaje a Pié” en compañía de Don Benjamín Correa. Sin embargo el morador de “Otraparte” fue, a mi modo de ver, un extraordinario filósofo (irreverente) de lo cotidiano que escribió piezas magistrales de pensamiento criollo. Por mi parte, yo jamás llegaré a ser ni siquiera filósofo aficionado, no faltaba más, eso sería muy pretencioso. Aun así, desde la fundación de la escuela Peripatética de Aristóteles, mucho se ha especulado sobre la íntima relación que existe entre pensar y caminar, luego no tiene sentido insistir en el asunto. Sin embargo, el hecho de caminar por la vía pública me ha enseñado a pensar filosóficamente pese a que, a diferencia del maestro González, a mi me toca esquivar los vehículos para salvar la vida mientras me cuestiono el sentido de la existencia; en tanto que él pudo gozar de un ámbito bucólico, más propicio para la reflexión, durante sus caminatas filosóficas. El peatón, en cuanto observador es, a su manera, un anacoreta contemplativo, un estilita[1] encaramado sobre el andén. He aquí que puedo desarrollar una hipótesis sobre la diferencia entre el viajero (así sea de a pie), y el peatón, desde el punto de vista metafísico: el primero es más universal y profundo, comprende lo rural y lo urbano, lo divino y lo humano. No en balde los grandes viajeros como Marco Polo lograron transmitirnos magistralmente su visión de universos desconocidos. En cambio el peatón es más pedestre, más vulgar, más llano. Su campo de acción se limita a la ciudad. Es el poeta de las situaciones que, por comunes, pasan desapercibidas. Es el cronista de los objetos modestos y de las cosas más materiales y diarias. Aprovechando estas virtudes menores, el peatón, con su pata al piso, utiliza sus caminatas para descubrir los secretos de la ciudad, y se reconoce en ella a través de sus calles, sus edificios, sus avenidas y sus barrios que evocan los recuerdos de la infancia, del amor, del pecado, de la dicha y de la tristeza. No alcanza el producto de estas reflexiones ciudadanas para escribir mamotretos filosóficos, pero tampoco se corre el riesgo de que los escritos inspirados en las divagaciones del peatón resulten condenados, bajo pecado mortal por algún obispo, como le pasó al maestro Fernando González con su “Viaje a pie”. Además, el peatón siempre tiene algo que contar a sus seres queridos cuando llega al hogar y, salvo algún inesperado accidente de tránsito, o enfermedad respiratoria causada por el esmog, el ciudadano de a pié aleja de su vida al médico y al siquiatra por algunos años, lo cual conlleva enormes beneficios para el bolsillo y para el alma. -------------------------------------------------------------------------------- [1] Seguidor de San Simeón el Estilita. Este santo del siglo V pasó los últimos 37 años de su vida encaramado en una columna (stilos en griego) de 17 metros de altura, dedicado a la oración y a la penitencia. Sobra decir que su comparación con mi peatón resulta claramente herética.

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Comentarios Elogio del peatón

¡Hola!

Entretenido y divertido, además con la extensión precisa para evitar la distracción.

Muy bueno. Gracias
Gloria Pinto Gloria Pinto 25/02/2010 a las 22:43
Hola, Gloria, muchas gracias a tí por el comentario. Muchos exitos.
Héctor D. Gómez A. Héctor D. Gómez A. 15/03/2010 a las 17:44
Encantador elogio del peatón, poeta de lo cotidiano.  Como escribió otra comentarista, la brevedad del texto lo hace doblemente hermoso.  "Lo bueno, si breve, dos veces bueno", decía Gracián.
Dolores Alvarez Dolores Alvarez 05/04/2010 a las 22:10
Muy bacana su apología sobre la moda de andar a pie.  Todo lo que se pierde uno en la vida por no saber mirar. Me gusta su estilo.  Voy a leer el Viaje a pie de F. González que ud recomienda en su artículo.
Danilo Danilo 06/04/2010 a las 23:58
Gracias, Danilo por su comentario.  En efecto, la lectura del maestro González es refrescante por su irreverencia sin perjuicio de su profundidad.  Debo advertirle, eso sí, que este libro estuvo en el INDEX (de libros prohibidos por la iglesia católica) y que, como van las cosas, es probable que lo vuelvan a incluir alli por orden de la "Santa Congregación para la doctrina de la Fe".
H. Darío Gómez A. H. Darío Gómez A. 07/04/2010 a las 15:47
Muy generoso su comentario, Dolores.  Tengo para mí que el elogio de Baltasar Gracián a los textos cortos, tiene mucho que ver con el gran esfuerzo que tenemos que realizar los menos iluminados para parir las palabras.  Creo que es un elogio a la mesura, al equilibrio.
H. Darío Gómez A. H. Darío Gómez A. 07/04/2010 a las 15:51
Usted lo ha dicho, H. Darìo.  La literatura, como las artes en general, tiene algo de inspiraciòn y muchìsimo de esfuerzo.  Se nota el oficio.
Dolores Alvarez Dolores Alvarez 11/04/2010 a las 17:22
Señor H. Dario, me fascinó su elogio del peatón.  Chévere esta publicación del Pretexto que fomenta escritos inteligentes y amenos. La encontré por azar. Creo que es muy valiente al burlarse de sí mismo con tanta ironía. Me encantan las personas con humor incisivo. Bacano caminar con usted, peatón.
Stella Mariscal Stella Mariscal 03/02/2011 a las 23:23
Gracias, Stella por su comentario. Bienvenida a mis caminatas virtuales.
Héctor Darío Gómez A Héctor Darío Gómez A 09/09/2011 a las 18:10

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